Atlas: Emotions
Fear
Suguru despertó debido al sonido de su móvil en el buro. Tenía a Satoru abrazandole por la cintura, su teléfono sonaba de manera insistente y no era la alarma. Era una persona aferrada a arruinar su descanso. Tomó el teléfono y ver al nombre de la madre de sus hijas se preguntó qué era tan importante para que le llamase de madrugada en donde estaba.
— Son las diez de la mañana en domingo, Riko.
— Estaba llamando a mis hijas y ninguna contesta, por eso molesto a su increíble padre.
— Ah, sobre eso, no estoy con ellas, están en casa de Shoko y Utahime.
— Okay, ¿y por qué no estás con mis hijas? —Suguru se dio la vuelta en la cama del hotel antes de responderle a Riko, Satoru seguía dormido.
— Estoy… con Satoru —Riko no dijo nada inmediatamente, fue un silencio de un minuto aproximadamente.
— Te creía más fuerte Suguru, no han pasado ni dos meses desde que estás en Tokio.
— Lo intenté pero me encontré con él en el festival deportivo de la escuela de nuestros hijos.
— ¿También tiene hijos?
— Dos.
— Sí que cambiaron las cosas. Supongo que no estás en casa de Satoru, ¿cierto?
— ¿Insinúas algo?
— Domingo, diez de la mañana y estás con él en lugar de estar con tus hijas, que curiosamente supongo que pasaron la noche en casa de sus tías favoritas. Habría mucho descaro de su parte en hacerlo bajo el techo de los hijos de Satoru.
— Estamos en un hotel —contestó soltando un suspiro. Su mano derecha acarició la mejilla de Satoru y después sus cabellos.
— ¿Arreglaron todo? ¿Le contaste las cosas? ¿O solo fue un encuentro casual?
— Le conté todo. Sabe que lo dejé por presión de mi padre, que eres la madre de mis hijas y como las tuvimos. También porque volví a Japón. Yo también supe que sucedió con él en este tiempo que no estuve.
— ¿Y ahora qué harán?
— No lo sé, anoche me dijo que la confianza se había ido y que no quería que volviera a irme. Tiene miedo de que haga lo mismo.
— ¿Y tú qué quieres?
— Quedarme con él. No sé como hacerlo, supongo que debo conocer a sus hijos, que él conozca a las nuestras, no pensé anoche qué pasará con nosotros, solo quería estar con él.
— Supongo que hoy pensarán con la cabeza de arriba y hablarán.
— Eso fue vulgar Riko.
— Como sea, mis mejores deseos para ustedes, solo recuerda que hay mucho tiempo que recuperar Suguru.
— Lo sé, eso quiero, quedarme a su lado. Aunque ya haya despertado y esté escuchando lo que estoy hablando contigo mientras finge dormir —Satoru abrió los ojos con una sonrisa. Suguru rodó sus ojos escuchando a Riko reír al otro lado de la línea.
— Mandale saludos.
— Lo haré, pero volvamos a lo importante, no es normal que llames de manera tan insistente a las dos de la mañana en Francia, ¿pasó algo?
— Estoy en Tokio de nuevo, papá está enfermo y como último deseo pidió que tomara las riendas de la empresa.
— Riko, no tienes que hacerlo…
— Suguru… me lesioné el tobillo hace un tiempo y… ya no es recomendable que siga bailando. Ya no hay futuro para mi en ese mundo.
— Lo siento.
— Estoy bien, ya pasé ese duelo —un suspiro de Riko—. Llamaré a Shoko para ir por Mimiko y Nanako, quiero que sepan que sucede. Te mandaré la ubicación de casa para que pases por ellas, a pesar de que viviré aquí, sabes que tan demandantes son los negocios de mi padre y tendré viajes de manera constante.
— Entiendo, saludos a Kuroi-san —Suguru cortó la llamada dejando el móvil en el buro de nuevo—. Increíble que creas que vas a mentirme.
— Ya veo que recuerdas muy bien todo de mi.
— Es obvio, viví aferrado al amor que te tenía, en cambio tú querías que te la metiera tu guardaespaldas —susurró fingiendo molestia, Satoru sonrió posándose sobre él.
— ¿Tienes celos de un sexy guardaespaldas muerto? —preguntó contra su cuello, dejando suaves besos en él. Suguru le jaló del cabello.
— Ni un poco. Yo estoy aquí contigo, él está tres metros bajo tierra.
— Aunque lo hubieras conocido, la verdad es que probablemente te hubiera gustado —murmuró entre besos, Suguru le mordió los labios como respuesta.
— A mi solo me gusta Gojo Satoru.
— Me siento como un adolescente hormonal calentándome por estas cosas —rio contra su boca antes de bajar con sus besos.
— ¿Qué haremos? —soltó entre suspiros al sentir a Satoru lamiendo sus pezones.
— Justo ahora, tener sexo. Después… hablar con nuestros hijos.
— Primero los tuyos, Riko se ha mudado a Japón y hoy… ella tendrá a mis hijas.
— Perfecto, más Suguru para mí solo —sonrió contra su abdomen, chupando parte de los músculos que había ahí, músculos bien formados, duros, trabajados. Satoru quería frotar su pene contra ellos y terminar ahí.
Suguru vio a Satoru llevarse su pene a la boca, no quería perder ni un detalle así que le sostuvo del cabello. La noche anterior lo habían hecho de varias maneras. Suguru cumplió y se la chupó hasta que Satoru terminó en su cara. Ahora Satoru estaba lamiendo sus testículos, chupando suavemente al punto de hacerlo enloquecer, dejo un par de mordidas en sus muslos y un beso más suave en su glande para levantarse.
— Satoru… no cabe duda que no hay nada que no hagas bien.
— Lo sé, pero hoy quiero probar algo nuevo —pronunció contra su boca, llegó un beso profundo después, Suguru tenía su propio sabor en la boca—. ¿Me cumplirías un deseo?
— Lo que quieras.
— Follame.
La sonrisa de Suguru fue tan amplia que no tuvo que decirlo dos veces. El pelinegro tomó el lubricante admirando a Satoru posar sus piernas una a cada lado de su cadera, hincado en la cama. Se llenó los dedos de lubricante y le penetró con ellos con calma y cuidado. Suguru le vio hacer muecas de dolor y trató de ir lo más lento posible.
— ¿Duele?
— Es incómodo.
— Te acostumbrarás, debo dilatarte tan bien que solo sientas placer —musito acariciando el pene de Satoru con su otra mano—. Te calentó mucho chuparmela, ahora otra cosa estará llena de mi.
Una sonrisa confiada, Satoru sintió a Suguru moverse dentro, era incómodo. Estaba en ello cuando sintió que sus dedos tocaban un lugar específico que le hizo vibrar de lo bien que se sentía. Quería que le tocara más ahí mientras le masturbaba. Suguru se dio cuenta y trató de seguir tocando ese punto para hacer que Satoru se sintiera mejor.
Cuando Suguru sintió que ya estaba listo, sacó sus dedos. Le puso lubricante a su pene y con ayuda de su pareja hizo que el fuera bajado sobre su erección. El interior de Satoru era estrecho y caliente, le sofocaba y gustaba a partes iguales. De solo estar dentro se hubiera corrido pero no quería eso en ese momento.
Comenzó a guiarlo para que lo montara, admirando la expresión sumisa en el rostro de Satoru y su pene rebotando al igual que sus nalgas. Le sostuvo de la cadera, Satoru se sostuvo de sus muñecas. Era algo nuevo y diferente para Satoru pero delicioso. La forma en que Suguru lo llenaba le encantaba. Cuando tocó su próstata gimió alto, desconoció por un momento el sonido de su voz. Suguru sonrió y se sentó en la cama mordiendole el cuello.
— Satoru… eres por completo mío —murmuró contra su pezón, lo chupó haciendo que Satoru temblara—. Voy a hacer que huelas a mí Satoru. Todos sabrán lo mucho que te encantó sentarte en mi pene. Todos verán en tu cara que el único para quien tienes ojos soy yo.
Satoru supo en ese momento que el poder que le había dado a Suguru duraría para siempre.
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Después de hacerlo de nuevo en la ducha del hotel, pasaron primero a casa de Suguru para que se cambiara. Una vez listo fueron a casa de Satoru para que hiciera lo mismo. Ya con ropa limpia y muchos nervios partieron a casa de Nanami y Haibara. Suguru se sentía como en un sueño. Tenía muchas ganas de llorar y también de reír. A la vez tenía miedo de que los hijos de Satoru no le aceptaran, de que el mismo Satoru se arrepintiera de darle esa oportunidad después de como le había dejado antes.
Sintió una de las manos de Satoru tomar la suya. Era el pedazo de seguridad que necesitaba en ese momento. La tranquilidad que ansiaba. Cuando llegaron a casa de sus viejos amigos Suguru se tentó de quedarse en el automóvil a esperar pero Satoru le dijo que no, que quería que entraran juntos ahí. Sus manos estaban sudando. Una vez Satoru llamó a la puerta, los latidos de Suguru aumentaron, sin embargo el peliblanco tomó su mano y le mostró una sonrisa.
No había resentimientos, solo bastante tiempo por recuperar.
Haibara abrió y se sorprendió de verlos juntos. Sin embargo, en su corazón también había mucha alegría. Él sabía lo que eso significaba. No dudo en hacerlos pasar con una sonrisa enorme indicándoles que Nanami estaba podando el césped de su jardín mientras él limpiaba un poco y sus hijos estaban en el salón.
Satoru saludo a Nanami y a los chicos de forma efusiva, pero, aunque él era así siempre, Megumi y Tsumiki notaron que el profesor también estaba ahí. Megumi frunció el ceño, en cambio Tsumiki se sentía extraña. Si Satoru era feliz, ¿ella qué más podía pedir? Tras una breve charla, la familia de Satoru salió de la casa de Nanami y Haibara. Suguru se subió al copiloto y los jóvenes en la parte trasera del auto.
Acordaron ir a comer para platicar, para Satoru era importante que ellos supieran que estaba sucediendo. Terminaron en un restaurante bastante privado en Shibuya, con mesas en habitación, ya que Satoru era una celebridad y jamás había dejado que los medios o sus fans hicieran sentir incómodos a sus hijos. Mucho menos lo permitiría con el amor de su vida.
Ordenaron los cuatro y de pronto Satoru recibió una llamada del trabajo provocando que saliera un poco, Suguru no quería quedarse con ellos solo. Tsumiki era tranquila y le daba la misma vibra que Mimiko y Nanako. Pero la tensión con Megumi era horrible. El joven solo le miraba con el ceño fruncido y una expresión de desagrado. Por lo que sabía, la relación de Satoru con Megumi era… a falta de otras palabras, especial.
Megumi nunca le había llamado padre, sin embargo, respetaba a Satoru más que a cualquier otra persona, aunque no lo pareciera. No sabía descifrar la actitud de Megumi y eso le daba miedo. ¿Y si no estaba de acuerdo? Él no podía hacerle eso a Satoru, tampoco a Megumi, él había abandonado a Satoru, le había dejado por seguir las órdenes de su padre. Obviamente Satoru estaba en su derecho de rechazarlo.
La comida llegó pero Satoru seguía afuera, mientras conversaba con Tsumiki y sentía la mirada de Megumi perforandole la cabeza. Observó de pronto el menú y sin dudarlo ordenó un volcán de chocolate para Satoru. Tsumiki rio un poco cuando ambos dijeron a la vez que Satoru amaba las cosas dulces.
— ¿Crees que por eso lo conoces? —las palabras de Megumi habían sonado tan frías, Tsumiki lo miró con desaprobación—. ¿Qué? No sé si sabes que tenía una foto de él en su buró escondida —le dijo a Tsumiki—. Y tampoco sé si sepas que lloro bastante por él cuando no lo veíamos.
— Megumi…
— Tan fácil que es dejarlo y luego volver como si nada, no sabes todas las veces que me contó que ese día afuera del KFC fue el peor día de su vida. No se que le diste o que le dijiste pero no apruebo esto.
— Megumi —la voz de Satoru resonó fuerte en el lugar. Estaba serio. El aludido chasqueó la boca—. Hablemos afuera Megumi —el pelinegro se levantó con una cara de molestia plasmada. Ambos salieron sin decir más. Suguru en ese momento iba a tomar sus cosas e irse, sabía que Megumi decía la verdad, tenía razón. Sin embargo, la mano de Tsumiki tomó la suya sobre la mesa.
— Aunque no lo diga Megumi es muy dependiente de nuestro padre —musitó con una sonrisa—. Es verdad lo que dijo, lo sé yo, lo sabe él, sin embargo, desde que volvió a verte, un brillo indescriptible se adueñó de sus ojos, uno que yo no había visto jamás.
— Tsumiki-chan…
— Yo no sé qué pasó entre ustedes, pero si él acepto tus respuestas entonces yo no tengo porque interponerme. Si te vas ahora, le estarás rompiendo el corazón de nuevo y no se si él sea capaz de perdonarte una segunda vez.
— Pero Megumi… —soltó con voz quebrada.
— Papa lo hará entender, te lo aseguro —Tsumiki le mostró una sonrisa sincera, Suguru dejó que un par de lágrimas salieran de sus ojos.
Amaba a Satoru.
“Esta es mi teoría personal, pero no hay maldición más retorcida que el amor.”
Unos minutos más tarde Satoru y Megumi entraron a la habitación. Cenaron con calma disfrutando de los alimentos, Megumi no dijo nada mientras Tsumiki y Suguru hablaban del concierto de un grupo idol al que Mimiko y Nanako también querían ir. Satoru intervenía ocasionalmente. Cuando le dieron su postre se mantuvo feliz pensando en que Suguru aun recordaba sus gustos.
— Ya se lo dije a Megumi, estamos intentándolo de nuevo —pronunció tomando la mano de Suguru—. Yo nunca les he pedido nada, y entiendo si están preocupados pero, Suguru es la persona que amaré hasta que muera, estoy seguro de eso. Así que, me gustaría que aceptaran que hay una persona en mi vida que es tan importante para mi como lo son ustedes.
Tsumiki solo asintió con una sonrisa. De verdad estaba feliz por Satoru.
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Una vez terminaron, vagaron un poco por una plaza comercial. Satoru se mantuvo cerca de Megumi en todo el trayecto mientras Tsumiki y Suguru hablaban más. Cuando dieron las siete de la noche, Riko llamó a Suguru para avisarle que podía pasar por las gemelas cuando gustara. Así que decidieron ir por ellas para acudir a un local de crepas que habían visto en internet eran demasiado buenas.
Satoru le llevó a casa de Riko, al llegar solo bajaron Satoru y Suguru mientras que Megumi y Tsumiki se quedaban esperando en el asiento trasero. Riko les recibió con nostalgia y alegría a ambos. Le daba gusto que finalmente ellos dos pudieran estar juntos sin temor. Riko más que nadie sabía que Suguru tenía muchos problemas emocionales derivados de la poca aceptación de su familia.
Pero ahí estaban, juntos después de diecisiete años.
Llamó a sus hijas que salieron con gusto. Ellas ya se hacían una idea de lo que estaba sucediendo, saludaron a Satoru y Suguru, tras despedirse de su madre los cuatro fueron al automóvil. Se dirigieron a ese local de crepas que sus hijas tanto ansiaban probar, ellas notaron que Satoru sostenía la mano de Suguru sobre la palanca de velocidades.
Cuando Suguru y Satoru se encontraron de nuevo, ellas le preguntaron a Suguru si volvería con él. Suguru contestó que no sabía, que todo depende de Satoru. Había mucha ilusión en sus palabras y el brillo en sus ojos que solo las hacía sonreír, porque ellas amaban a su padre y si ese hombre era el causante de su felicidad, ellas no le negarían que volviera a formar ese vínculo.
Al llegar a la creperia, se sentaron en una mesa alejada, los seis ordenaron y luego Mimiko y Nanako continuaron su charla con Tsumiki ya que Suguru les había dicho que ella también quería ir al concierto de ese grupo idol que ellas seguían. Comieron con calma por un tiempo hasta que Suguru comenzó a hablar.
— Mimiko, Nanako… yo…
— ¿Volviste con él? —pronunció Mimiko.
— S-si —Suguru no sabia porque se sentía tan nervioso.
— Si eres feliz con eso está bien —dijo Nanako cortando otro pedazo de crepa para llevárselo a la boca.
— ¿No les molesta? —cuestiono Satoru.
— Tú no lo sabes, pero cada que se acercaba la fecha en que ustedes terminaron, él lloraba, tenía pesadillas, también insomnio —musitó Nanako. Suguru se sonrojó sabiendo que él había querido ocultar todo para que su hijas no se dieran cuenta—. Cuando volvimos a Japón y fuimos a un centro comercial, había un espectacular enorme con tu cara.
— Papá no lo notó pero… había mucho anhelo en su mirada —continuó Mimiko—. Y ese día en el asado, cuando te fuiste… él quería llorar. Cuando llegamos a casa lo volvimos a ver cómo en esas fechas y… eso no me gusta. Si tú lo quieres y él a ti, para nosotras no hay problema. Solo queremos que él sea feliz.
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— ¿Te veo mañana? —preguntó Satoru contra las manos de Suguru en la puerta de su casa. Habían pasado a dejarles después de comer crepas todos juntos. Mimiko y Nanako ya estaban dentro de la casa.
— No sé señor celebridad, yo mañana iré a dar clases, ¿que tienes que hacer tú?
— Bien, cenemos juntos, los seis. Paso por ustedes.
— Mejor vengan a casa, haré la cena —Satoru le mostró una sonrisa enorme y asintió. Besó sus labios de manera corta y luego pegó su frente a la de Suguru.
— Por favor… no me dejes de nuevo…
— Eso no va a suceder, te amo y me quedaré contigo hasta el final.
— Nos vemos mañana, te escribiré por LINE.
— Perfecto —Suguru sintió un poco de frío cuando Satoru se alejó.
— Te amo Suguru —un nuevo beso y Satoru partió al auto. Suguru se despidió de Tsumiki desde la puerta de su casa, Megumi solo estaba ignorándolo.
— Por siempre Satoru —murmuró por completo feliz, dándose cuenta de que por más que quiso, nunca pudo huir de lo que él sentía, ni de lo que Satoru sentía. Entró a casa y le mandó un mensaje para comenzar a prepararse para dormir.
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