Atlas: Emotions
Joy
Es el agua tranquila
En medio de un mar ansioso.
Donde las nubes pesadas se separan y comienza el amanecer.*
Satoru…
Suguru suspiro observando el espectacular promocional de una marca de gafas de sol llamada Blanc & Eclare. Le tomó por sorpresa aún sabiendo que iba a toparse con aquello, tal como Shoko le había dicho.
— Papá, la película va a iniciar.
La voz de su hija le hizo reaccionar. Se disculpó con una sonrisa y avanzó con ellas hasta el cine. Habían acudido al centro comercial para comprar cosas debido al ingreso a la preparatoria de sus gemelas. Recién habían llegado de Londres, volvía a Tokio luego de diecisiete años.
Tenía treinta y cinco años, era un profesor respetado, tenía dos hijas maravillosas. Lo mejor que le había dejado Italia y la mujer con quién las tuvo, dos gemelas increíbles: Mimiko y Nanako. No tenía porqué temer volver a Japón.
Al día siguiente iniciaría como profesor de preparatoria y universidad y sus hijas comenzarían el primer año de preparatoria. Era un domingo perfecto y feliz, no debía arruinarlos con recuerdos de lo que fue y no pudo ser. La tarde era agradable, el clima era increíble y él tenía a sus chicas consigo.
Vio los boletos de la película elegida por sus hijas y el título le pareció asqueroso pero no había nada que no hiciera por ellas, incluso aguantar "La lombriz humana 4". Mimiko sostenía las palomitas y Nanako los refrescos.
Escucho un poco de ruido en los jóvenes tras ellos. Una joven de cabello naranja hasta la barbilla y un chico de cabello rojo deslavado. Sin querer choco con otro joven de cabello negro y en puntas, Suguru sintió que lo estaba viendo como si lo conociera de otra parte, acto seguido se disculpo avanzando con sus amigos.
Estaban quejándose de que verían esa película, mientras el joven de cabello deslavado reía con felicidad argumentando que les había ganado la apuesta y debían cumplir. La chica se veía fastidiada con su falda hasta un poco arriba de la rodilla y las palomitas en sus brazos.
— Es una lastima que Junpei se fuera de intercambio, estoy seguro de que la disfrutaría conmigo.
— ¡Qué asco!
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Suguru…
Satoru resopló mientras esperaba a sus hijos en el automóvil. El primer día de preparatoria de Megumi, el primer día de segundo año para Tsumiki. Ella lucía súper linda con su uniforme y rodeada de amistades, se notaba que era popular, querida y una chica excepcional.
Megumi en cambio salía con sus dos mejores amigos desde que tenía uso de razón: Yuji y Nobara. Dos jóvenes adoptados por uno de sus mejores amigos y su pareja, ruidosos como ellos dos sabían. Probablemente los llevaría a casa con Megumi.
Tsumiki entró a la camioneta y se sentó en el copiloto después de darle un beso suave en la mejilla a Satoru. Un minuto después Megumi abrió la puerta trasera de la camioneta y soltó un suspiro.
— Dicen que si los puedes llevar a casa, ya le han avisado al tío Nanami, ahí esperaran.
— Claro —rio Satoru con felicidad. Yuji y Nobara eran dos personas muy agradables, además eran graciosos. Los tres jóvenes entraron en la camioneta después de tratar de mantenerse tímidos.
Cómo si no conocieran a Satoru.
Si, era ese Satoru que había estado haciéndole avioncito a Megumi sobre un charco y se le resbaló tirándolo. El mismo Satoru que olvidó a Megumi en el supermercado. Satoru, quien había corrido de manera eufórica con Megumi en brazos porque se había roto el brazo.
Ese Satoru, que era lo menos normal posible.
— ¿Cómo les fue en su primer día? —preguntó con una sonrisa encendiendo el vehículo.
— Mimiko, Nanako.
Escuchar aquella voz le hizo voltear hacia la izquierda. Podía confundir muchas cosas, pero aquella voz jamás. Sin embargo, por más que buscó no encontró a nadie que pudiera parecerse a aquella persona. A la dueña de esa voz. La reconocería en cualquier parte, no estaba loco.
— ¿Papá? —la voz de Tsumiki le sacó de sus pensamientos—. De pronto te quedaste perdido. ¿Estás bien?
— Si, solo… creí escuchar a alguien que conocía —musito con una sonrisa suave—. ¿Qué decían?
— Tengo un nuevo profesor de filosofía, es nuevo en la preparatoria y en la ciudad, es muy agradable, tiene una voz suave.
— ¿No me digas que te gustan los mayores Tsumiki-chan? —preguntó Yuji haciendo que se pusiera roja la cara de Tsumiki. Megumi rodó los ojos y Nobara empezó a reírse mientras molestaba a Tsumiki junto a Yuji.
Satoru se quedó pensando un momento en si aquellas palabras que había escuchado eran reales o no. Quizás era fruto de su cerebro enamorado, o de su corazón adolorido. Lo que fuera, no debía de ser serio. Se acercaba la peor fecha de su vida, quizá era por eso que su mente jugaba con él.
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El comienzo torpe de la adolescencia,
El pegamento que repara nuestros restos rotos.*
Ha pasado un mes, acudieron a la preparatoria a un festival de atletismo para apoyar a Yuji, Nobara y la prima biológica de Megumi: Maki. Yuji iba a correr, Nobara lanzaría bala y Maki salto con garrocha. Satoru no iba a acudir, sin embargo, Tsumiki y Megumi insistieron, sobre todo Megumi, para él era extraño que Megumi estuviera emocionado así que accedió.
Vieron las pruebas y disfrutaron de comprar postres y botanas en la vendimia que organizó la institución. Megumi estaba emocionado viendo a Yuji y Maki ganar, Nobara había quedado tercera. Sentía extraño que su hijo actuara de esa manera pero tampoco se quejaba, podría molestarlo después.
Había algo en sus ojos, algo nuevo, algo que nunca había notado y cuando Yuji le dió su medalla, todo tuvo sentido. Se sintió tonto por no notarlo antes, por no ver las señales alrededor de los dos, pero no se quejaba. Nanami y Haibara llegaron, Haibara miró a Yuji con una sonrisa enorme y le abrazó felicitándolo por su logro.
Luego hizo lo mismo con Nobara, les prometió cocinar lo que más les gustaba, Yuji pidió asado de carne y Nobara le secundo así que terminaron invitando a la familia de Satoru a casa a comer. Los tres accedieron. Megumi dijo que iría a comprar agua, giró y sin querer tropezó con un adulto de cabello largo.
El mismo del cine, parecía que era su destino cruzarse con él de esa forma. Megumi se disculpó pero más allá de sus palabras, el adulto se había quedado mirando a su padre. Y su padre tenía los ojos muy abiertos y su boca quería decir algo pero no podía, se notaba.
— ¡¿Geto-san?! —ese había sido Haibara. Avanzó y le dió un abrazo fuerte mientras Suguru correspondía con una sonrisa.
— Tanto tiempo Haibara —susurró alejándose, luego observó a Nanami. El rubio no se veía muy contento.
— ¿Cuándo volviste?
— Hace un mes —respondió con una sonrisa.
— ¡Papá! —Nanako dijo llegando hasta él. Satoru se sorprendió un poco de ver a Shoko y Utahime llegando con dos jóvenes, una rubia y una pelinegra.
— Tía Shoko —pronunció Tsumiki con una sonrisa. Nobara no se veía muy contenta con la familiaridad de esas chicas con su "tía".
— ¿Por qué te dicen tía? —pregunto Mimiko. Antes de que Shoko contestara Satoru dió un paso al frente.
— ¿Sabías que él había vuelto y no me dijiste nada? —cuestiono bastante serio.
— La última vez que lo mencioné dijiste no querías saber más de él —Satoru cerró los ojos por un segundo y luego lo miro.
— ¿Podemos hablar Satoru? —preguntó Suguru.
— ¿Hay algo de lo que tengamos que hablar? —respondió bastante cortante. Los adultos notaban la tensión y los jóvenes estaban confundidos. Satoru sintió la mano de Nanami en su hombro.
— Chicos, creo que hay que darles espacio, vamos a comprar pan al vapor.
— Mimiko, Nanako, vengan también —indicó Shoko—. Suguru tiene cosas importantes que arreglar —las jóvenes asintieron ante lo dicho por Shoko—. Recuerden que hacerlo para reconciliarse en lugares públicos es penado por la ley —musito con una risita. Suguru se sonrojo, Satoru trató de mantener la compostura y entonces la mente de los jóvenes trabajo rápido.
— ¡¿Es al que terminaste frente a un KFC?! —dijo Mimiko.
— ¡¿Es el que te terminó frente a un KFC?! —soltó Megumi.
— Basta, chicos, hay que dejarlos hablar en paz. Shoko-senpai eso fue grosero de tu parte —musito Haibara llevándose a los jóvenes.
Una vez solos se observaron un momento, no habían cambiado. Suguru seguía teniendo el cabello largo, solo que se peinaba diferente a cuando estaban en preparatoria. Satoru tenía todo igual, solo que claramente habían facciones que habían madurado por la edad.
— Te ves igual que siempre —musito Suguru.
— Tu igual, no has cambiado nada —dijo Satoru. Se perdió un momento en la sonrisa de Suguru. Aquella que le había encantado desde el día en que lo conoció.
— Soy profesor ahora, Shoko me dijo que eras una celebridad.
— Soy modelo y ocasionalmente conductor de shows televisivos y actor solamente. No me va mal.
— Nunca te imaginé así, aunque, con tu cara no debió ser difícil.
— No sé si es un cumplido o te estás burlando de mí.
— Me encanta burlarme de ti —soltó con una sonrisa para luego acercarse un poco más a Satoru—. Diría algo sucio pero no es el lugar.
— No deberías hacerte ideas equivocadas —pronunció Satoru con seriedad. Suguru sabía que el peliblanco estaba conteniendose.
— Era una broma —siguió con la misma sonrisa pero sin separarse. Tenía muchas ganas de besarlo—. ¿Que clase de persona sería si beso a mi ex en el festival deportivo de la escuela de mis hijas?
— ¿Ahora hablas de besar? —Satoru sonrió está vez—. También están mis hijos aquí —algo dolió en el pecho de Suguru.
— ¿Cómo se llaman tus hijos?
— Megumi y Tsumiki. Las tuyas son gemelas, ¿verdad?
— Así es, Mimiko y Nanako. Tienen dieciséis años —Satoru lo miro con calma—. Son lo más increíble que me dejó irme de aquí.
— Tsumiki y Megumi también son lo mejor que me dejó estar tan roto cuando te fuiste —pronunció aún con calma—. Aunque no soy su padre biológico. Megumi tiene dieciséis, Tsumiki diecisiete.
— ¿Adoptaste? —la sorpresa estaba instalada en la cara de Suguru—. La verdad es que jamás lo esperé de ti.
— No me veo como ese tipo de persona, lo se. Solo quería cuidar de ellos. Costó trabajo pero Utahime me ayudó.
— A pesar de todo te ayudo.
— Es una relación amistosa por el bien de Shoko —dijo Satoru riéndose. Suguru rio también.
— Mimiko y Nanako son mis hijas biológicas.
— Se ve. Una de ellas tiene tus ojos, otra tu cabello —Suguru trato de que esas palabras no le afectarán en cuanto al tono que utilizo—. ¿De qué querías hablar?
— Solo quería decirte que me alegra que estés bien, yo de verdad no quería lastimarte, pero mi familia…
— Tu familia fue tu prioridad y ahora lo entiendo Suguru.
— Mis padres murieron, mi mamá hace dos años, mi papá hace uno, por eso decidí volver a Japón.
— ¿Estás bien con eso?
— Con regresar si, tampoco mentiré, no me desestabilizo que fallecieran. Y ahora ya estoy aquí y estoy mejor.
— Si estás bien con eso, entonces está bien.
— Quiero que las cosas estén bien entre nosotros, soy profesor de Tsumiki.
— Me dijo que tenía un profesor encantador —rio Satoru, Suguru se sonrojo un poco—. Y si es encantador —antes de algo más Satoru dio la vuelta—. Vayamos con los chicos, no puedo dejarlos solos dos minutos o van a empezar a imaginar mil cosas.
— Les hablaste de mí.
— Al parecer tú también les hablaste de mí.
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Entonces dejé ir y en este momento, puedo respirar.*
Yuuji y Nobara están en el podio así que decidí celebrar con comida, ¿quieren ir?
Suguru no supo si eso había sido una buena idea, sin embargo ahí estaba. Se sentía extraño, solo faltaba MeiMei para que estuviesen completos. Había escuchado a Haibara con atención indicándole como habían terminado de esa manera y cuál había sido el proceso.
Haibara también le contó a Suguru que Satoru adoraba a sus chicos mientras los veía jugar cartas en la mesa. Incluso le contó que había descubierto no mucho atrás que su hijo, Yuuji, tenía "algo más" con el hijo de Satoru.
A Suguru le hubiera gustado tener hijos con Satoru sin duda.
Sin embargo ya no podía volver atrás y fingir que efectivamente podían intentarlo. Suguru era consciente de que sus sentimientos habían sido bloqueados por su percepción de lo que era correcto, por el cariño a los padres que nunca le miraron más allá del qué dirán. Se sentía tonto de haber dejado todo por ellos.
No podía cambiar el pasado.
¿Arreglar el futuro? No lo sabía. Solo deseaba que todo mejorara. Después de todo había vuelto a Japón, estaba en Tokio con sus hijas y sus hijas eran su tesoro más preciado. Su yo interior clamaba por ir tras Satoru pero, ¿que podía ofrecer? ¿Ser una familia todos juntos? No creía que fuese capaz de eso, sobre todo por cómo había actuado Satoru.
Estaba seguro de que Satoru no querría volver con él.
Sus pensamientos se cortaron cuando Haibara le indico que lo había invitado a su boda con Nanami pero que no recibió respuesta. Suguru no había contestado porque en esas fechas Mimiko y Nanako estaban enfermas mientras la madre de sus hijas y él luchaban porque recibieran la mejor atención.
Eran sobrevivientes.
— Papá, mamá nos envió esto —dijo Nanako sosteniendo su teléfono con una carcasa de conejo color verde—. Quiere vernos para las vacaciones de fin de año.
Suguru observó la ropa que la madre de sus hijas mostraba en fotos, así como un set de spa que había comprado. No noto que Satoru estaba cerca y estaba escuchando con mucha curiosidad mientras Mimiko hablaba con Nobara y Tsumiki, Yuuji y Megumi se mantenían jugando con Nanami y Shoko. Utahime estaba en una llamada telefónica.
— Creo que pueden pasar el día de acción de gracias con ella sin ningún problema, pero año nuevo es mío y lo sabe —pronunció Suguru devolviendo el teléfono. Nanako sonrió y asintió, tenía la mirada de Satoru sobre si.
— Mamá es una bailarina, supongo que no lo dijo papá —dijo Nanako mirando a Satoru.
— Perdí comunicación con él desde los dieciocho —rio, Nanami alzó la cabeza observando a Satoru. Algo le decía que no iba a salir bien aquello—. ¿Cómo se llama tu madre?
— Amanai Riko, actualmente está en Francia en un ballet —contestó sin pena. Suguru tampoco se sentía mal de ello, aunque sabía que probablemente Satoru tendría muchas preguntas para él.
Sin embargo no espero que Satoru se pusiera de pie, Haibara le miraba sorprendido al igual que Nanami. Shoko sabía la historia por completo así que no le sorprendía aquello. Había un ambiente tenso.
— ¿Te casaste con Amanai?
— Nunca nos casamos —respondió con calma. Satoru sintió su cuerpo ardiendo. No sabía si era ira u odio. Solo sabía que quería salir de ahí.
— Megumi, Tsumiki, ¿quieren quedarse? Necesito resolver unos asuntos —la voz grave de Satoru puso en alerta a sus hijos. Ambos se miraron.
— Vamos contigo —dijo Tsumiki, ambos se levantaron y se despidieron. Nanako se mantuvo como si hubiera dicho algo malo pero la mano en su hombro de Suguru le dijo que todo estaría bien. Antes de que Satoru se fuera sin mirar a Suguru de nuevo él habló.
— No sé qué pienses Satoru, si quieres saber cómo pasaron las cosas podemos hablarlo. No supongas ni te hagas ideas locas.
— Necesito respirar lejos de aquí —respondió sin mirarle. Suguru sintió un hueco en el estómago. Satoru se fue sin decir más.
— ¿Estás bien? —preguntó Shoko viendo a Suguru con las ganas de llorar.
— Si, de todos modos iba a enterarse, mejor ahora que después.
— Después… —pronunció Haibara—. ¿Cuando todo se hubiera arreglado entre ustedes?
— Supongo que fui muy lejos —susurro con una sonrisa triste.
*Joy - Sleeping at last
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