miércoles, 1 de enero de 2025

[MINI SERIAL] Atlas: Emotions - Anger

Atlas: Emotions
Anger


Palabras impulsivas pero honestas salen de mi boca.
Cómo combustible en una llama de duda.
No podía hacerlo bien.*


— ¿Por qué me citaste aquí?

El tono de Satoru le hizo saber que seguía molesto con él. Le miró desde la banca en donde estaba, en el parque central de Shinjuku. Agradecía que Shoko le hubiera ayudado a hablar con él tras el incidente en casa de Haibara y Nanami una semana atrás.

Sabía mejor que nadie que Satoru debía calmarse, siempre era así y Suguru lo conocía mejor que nadie. Satoru se sentó después de un par de minutos, tenía sobre sí la mirada de Suguru y aunque no se sentía incómodo si le ponía nervioso.

— Fue en esta zona donde terminó todo la primera vez —musitó, la suavidad de su voz hizo que Satoru tragara hondo. Había olvidado lo mucho que le gustaba esa voz pronunciando su nombre—. Cuando te mentí.

Satoru se confundió un poco.

Suguru miro el cielo estrellado recordando que años atrás había citado a Satoru frente a un KFC cerca del Keio Mall para cumplir con lo que le había prometido a su padre, eso que no le dijo a Satoru esperando que lo odiara y lo olvidara. No sucedió.

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Satoru se confundió un poco al recibir aquel mensaje de Suguru para verse cerca del Keio Mall en Shinjuku antes del regreso al internado. A pesar de que sus familias sabían que eran buenos amigos, era un poco extraño que salieran cuando estaban en casa ya que la pasaban juntos en el internado todo el tiempo.

Cuando llegó, Suguru ya estaba ahí, asumía que acudirían a comprar cosas en alguno de los almacenes como regalos de navidad. Pero la expresión que tenía el pelinegro en su rostro le dijo que eran malas noticias.

— Hola.

— Hola Satoru —el aspecto sombrío de Suguru extrañó al peliblanco, sus alarmas se activaron completamente.

— ¿Estás bien?

— Si, lo estoy —su tono de voz indicaba lo contrario—. Satoru, no volveré al internado.

— ¿Qué?

— Lo que oyes, me iré a estudiar al extranjero.

— ¿Por qué?

— Es lo mejor.

— ¿Para quién?

— Para ambos —su voz sonaba firme, tratando de no quebrarse para no dudar de lo que había prometido. Satoru se mantuvo un momento pensando mirando al suelo, todo estaba bien entre ellos. ¿Qué diablos le sucedía a Suguru? Su mente hizo un clic.

— ¿Es por Amanai?

— ¿Qué? —Suguru estaba claramente confundido ante la pregunta de Satoru, en su cabeza no existía relación entre ello—. Amanai no tiene nada que ver con esto. Solo pensé bien las cosas y caí en cuenta de que no veo un futuro a tu lado. Creo que para el bachillerato está bien estar así pero al salir de él debo tomar las riendas de mi vida de manera correcta. Así que estoy terminando… lo que sea que teníamos.

— ¿Lo que sea que teníamos? ¿Para ti no ha significado nada?

— Ha sido un desliz Satoru. Sabemos bien que esto no iba a llevar a nada bueno y es por eso que es mejor terminar —soltó un suspiro viendo las lágrimas agolparse en los ojos de Satoru—. Pondré tierra de por medio para que puedas superarlo.

— ¿Cómo me pides eso? ¿Realmente eso quieres?

— Si —murmuro con un nudo en la garganta agolpandose—. Olvidame u odiame, eso tendría sentido para mí —indicó aun mirándole—. Fue divertido Satoru, hasta luego.

Suguru se dio media vuelta, soltó un suspiro pesado y avanzó. Satoru se mantuvo observando su espalda hasta que se fue, no hizo nada más. Estaba demasiado roto y Suguru no volvería para pegar sus pedazos.

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Se escucharán alarmas.
Pero es muy tarde para el agua bendita.
Tarde o temprano el fuego se apagará.*


Cuando Satoru volvió al internado fue diferente. Todo el mundo se dio cuenta de que ya no era el mismo. Entre lágrimas le contó a Shoko lo que había sucedido y luego a Haibara y Nanami les hizo saber la situación solo que sin las lágrimas de por medio. Fue el último año más horrendo de su vida escolar y solo se enfocó en mejorar sus notas al máximo.

Por otro lado, Suguru siguió con sus estudios en Italia. Tenía suerte de que se le dieran los idiomas bien. Un año después de que se mudo volvió a ver a Riko, ella estaba un poco molesta ya que su padre quería casarla con un hijo de un empresario muy famoso en Japón y así asegurar el negocio. Ella no deseaba eso sin duda alguna.

Suguru le contó en su salida a una cafetería lo que había sucedido con Satoru y ella solo suspiro entendiendo su situación. Derivado de ello decidieron salir a beber antes de que Riko volviera a Francia en donde estaba estudiando danza. No fueron solo ellos, también estaba una joven llamada Yuki Tsukumo (que era hija de politicos japoneses), Toshihisa Negi y Manami Suda, dos jóvenes estudiantes que conoció Suguru en su nueva institución y Larue, un muchacho francés que estaba terminando los estudios de bachillerato en Roma y próximamente volveria a su país.

Disfrutaron del alcohol, un par de cigarrillos y diferentes snacks con el pretexto de su graduación del bachillerato. Uno a uno se fueron despidiendo hasta que solo quedaron Riko y Suguru. El pelinegro no recuerda que paso exactamente esa noche, solo sabia que deseaba volver a ver los ojos de Satoru al dejar de besarlo, sin embargo quien estaba en su cama besandole mientras tenian sexo era Riko, no Satoru.

No era igual pero ya no quería parar.

A la mañana siguiente Riko se cohibio bastante. Suguru le pidió perdón y ella a él. Fue bastante incómodo hasta que acordaron no hablar de ello por el bien de la increíble amistad que habían desarrollado. Ninguno tenía sentimientos en ese sentido por el otro, solo se habían dejado llevar por el despecho, el rencor y el alcohol.

Suguru acompañó a Riko al aeropuerto y le dejó ir. Dos meses después, cuando ya había metido los papeles para la universidad, supo que Riko estaba embarazada porque Riko le buscó de nuevo yendo a Italia. Suguru fue claro, quería o no quería tenerlo. Todo dependia de lo que ella deseara. Riko penso mucho que queria, durante ese tiempo buscaron alternativas, si seria un aborto (tanto en Italia como en Francia era legal), darlo en adopcion o quedarselo. Si se lo quedaban debían decidir si se casarian o no. El tipo de padres que serían.

Quizá la pastilla del día siguiente no funcionó porque no la tomo a tiempo.

Al final decidió tenerlo aunque eso significara detener su carrera un momento, de igual manera no estaba avanzando como a ella le gustaría. Avisaron a sus padres, ambos querían un matrimonio para el nacimiento del hijo que tendrían, sin embargo, Riko fue clara al decir que no quería eso, que Suguru y ella estaban bien de esa forma y así se quedarían.

Posteriormente supieron que no era un bebe, eran dos y que eran dos gemelas idénticas: Mimiko y Nanako.

Durante ese tiempo Suguru obtuvo un empleo, trabajo muy duro para lograr tener para los gastos de sus hijas y se determinó a ser el mejor padre que esas niñas pudieran tener. Acepto la ayuda de sus padres porque su madre sonaba honesta pero en realidad no quería acercar a sus hijas a ellos. También durante ese tiempo encontró en una red social, que se estaba haciendo famosa mundialmente, a Shoko.

Le contó todo lo que había pasado y le pidió que no le dijera nada a Satoru. Omitio por ese momento que tendría dos hijas con Riko. Entró a la universidad y salió adelante de esa manera, viendo por Riko y por sus hijas hasta que nacieron. Fue entonces que le hizo saber a Shoko la noticia, pidiéndole una vez más que no le dijera nada a Satoru. Unos meses después encontró a Haibara en esa misma red social y volvió a la comunicación con él.

Cuando Haibara le invitó a su boda, estaba en sus vacaciones de la universidad y Mimiko y Nanako estaban enfermas. Ambas se debatían entre la vida y la muerte y por ello tuvo que rechazar la invitación fingiendo no verla.

Por otro lado Satoru una vez terminó el bachillerato dejó el internado al igual que Shoko, estaba por iniciar en la universidad estudiando administración cuando un manager le descubrió en un mall y decidió que comenzaria como modelo. Al principio Satoru no creyó que eso fuera buena idea pero después del primer comercial y la atención que recibió, obviamente le había gustado. Tomó clases de modelaje, teatro y comenzó a ir al gimnasio para mantenerse en forma.

Su abuelo no estaba del todo de acuerdo sin embargo aceptó sólo porque veía a Satoru centrado y porque el peliblanco aceptó ser el accionista mayoritario de la empresa. De esa manera comenzó como celebridad. Le dieron algunos papeles en doramas, empezó a ser MC en algunos programas de variedad y a ser la imagen de diversas marcas. Se mantuvo sin ningún tipo de contacto sexual o afectivo desde que Suguru se había ido.

Hasta que llegó él, su maldito guardaespaldas nuevo.

Satoru recordaba que solo Suguru le había causado ese nivel de deseo sexual, pero la obsesión no era la misma. Con Suguru era esclavo de los sentimientos que tenía por él, de ese primer y único amor debido a la forma en que sus mentes e ideas conectaban, eran un complemento increible. En cambio, cuando Toji Fushiguro llegó a trabajar con él, lo detestaba. No sabia en que había pensado Ijichi (su manager), cuando lo contrató. Sin embargo, conforme más pasaba el tiempo, más se estaba enganchando de ese deseo que sentía por él.

Era algo sexual solamente, lo sabia a la perfeccion pero eso no sucederia por un motivo unico: Toji era heterosexual. Satoru sabía que Toji había tenido una esposa que había fallecido de cáncer años atrás y con quien había tenido dos hijos: Tsumiki y Megumi. Tsumiki era hija biológica de su esposa solamente, Megumi era hijo de ambos.

Satoru sabía que Toji era consciente del deseo que sentía por él. Lo único que le permitió en una ocasión en donde estaban solos y la tensión sexual estaba al límite fue un beso. Fue con lengua y Satoru sintió una erección, pero solo eso. Esa noche se toco pensando en su guardaespaldas y no sucedio mas. Semanas después asesinaron a Toji, el guardaespaldas había tenido problemas con gente peligrosa, había trabajado para ciertos Yakuza y no quería volver a ese mundo así que lo mataron.

Antes de morir había recibido amenazas, debido a ello le hizo prometer y firmar a Satoru como responsable de los dos hijos que estaban a su cargo. Satoru sintió que era exagerado pero no renegó porque tenía cierto aprecio por Toji (aprecio aparte de la atracción sexual). Cuando le asesinaron hizo todo para que los niños no pisaran un orfanato y con ayuda de Utahime, que en ese entonces ya estaba viviendo con Shoko, logró la adopción.

Fue un proceso largo y también complicado. Tsumiki era tranquila, amable y alegre pero Megumi… Megumi era frío. Idéntico a Toji menos en la forma de su cabello. Satoru agradeció a la vida el día en que Shoko llegó a ella. Shoko fue su mayor red de apoyo, la persona que siempre estuvo con él, todo lo que salía mal, Shoko estaba ahí para tranquilizarlo. Cuando murió Toji, cuando le dieron los papeles de adopción, cuando Megumi se rompió el brazo. Cuando empezaron la educación básica. Cuando Tsumiki empezó a menstruar. Cuando operaron a Satoru del apéndice. Cuando murió el abuelo de Satoru. Cuando la familia de Toji quería reclamar a Megumi.

Ella estuvo ahí.

Sin embargo cuando ella quiso hablarle de Suguru él simplemente le pidió que no lo volviera a nombrar. Ella cumplió con eso hasta que se volvieron a ver. Y cuando Shoko veía a Suguru en Londres, que había sido a donde se había mudado con sus hijas, si le contaba de Satoru y el pelinegro se sentía feliz de saber que le iba bien, aunque no supiera que Satoru había adoptado a los hijos del guardaespaldas que le gustaba.

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Siento la tierra temblar bajo mis pies.
Siento como crece la presión hasta que no puedo respirar.
Y lo toma todo.
Y todo se desborda.*


— Satoru…

Después de que Suguru le contara qué había sucedido y porque se había ido a Italia, Satoru le contó que había sucedido con Toji y como había terminado adoptando a Megumi y Tsumiki. Era sábado, Megumi y Tsumiki estaban con Nanami y Haibara mientras que Mimiko y Nanako se habían quedado con Shoko y Utahime.

Satoru sentia mucha ira hacia el padre de Suguru, de igual manera ya no habia nada que hacer, el señor estaba muerto y Suguru nunca le dio el gusto de acercarse a sus nietas porque seguia siendo el mismo homosexual enamorado de su unico novio de juventud. Eso le hacía un poco feliz. Habían aclarado todo y ya nada les impedia quererse. En Japon se habia aprobado el matrimonio entre personas del mismo sexo y si Satoru se alocaba se llevaria a Suguru a un registro civil.

Lo que él sentía por Suguru no se había desvanecido nunca y sabía que debía dejarselo en claro. Por ello después del primer beso que se dieron en la banca del parque luego de confesar lo que había sucedido en esos años, no dudaron en acudir al Park Hyatt Tokyo. En el ascensor llamaron a sus hijos indicando que no llegarian por ellos para volver a sus casas. Estaban seguros de que sus amigos se darían una idea de lo que sucedía pero eso no importaba más.

El deseo había vuelto a sus cuerpos como una corriente eléctrica recorriendoles.

Cuando cerraron la puerta de la suite en ese hotel cinco estrellas, Suguru se sintió como un adolescente. Se sentó en la cama mientras Satoru se quitaba las gafas oscuras que siempre usaba y la mascarilla para que no lo reconocieran pues era una figura pública. Suguru dejó en el buro su cartera así como su teléfono y las llaves de su casa. Satoru hizo lo mismo. Se quitaron los abrigos y les dejaron en el perchero. En ese momento sus manos chocaron solo un instante, sus cuerpos vibraron ante la sensación.

Satoru le tomó de las mejillas besándole de manera lenta, suave, pero a la vez apasionada, Suguru correspondió posando sus manos en el cuello del mayor, dándole su lengua para permitir que la chupara. Estuvieron de pie besándose por un momento, como si nunca lo hubieran hecho y a la vez como si nunca se hubieran separado.

Comenzaron a quitarse las ropas, Suguru llevaba una camisa blanca que terminó en el suelo una vez Satoru la desabrochó sin dejar de besarle. Se separaron solo un momento para quitar la playera azul de Satoru. Volvieron a besarse al tiempo que Satoru acariciaba los costados del torso de Suguru. Mordió su labio inferior, tirando de él solo un poco, provocandole un jadeo cuando sus dedos pellizcaron sus pezones suavemente.

Satoru subió sus manos hasta el cabello de Suguru quitando la liga que lo mantenia sujetado, dejando una mordida suave en su mentón para volver a comerle la boca. Suguru había extrañado tener los labios del peliblanco contra su piel. Suguru le sostuvo de las mejillas mientras estaban besándose, se alejó solo un momento para ver la cara de Satoru. Sus preciosos ojos azules, su cabello blanco, su sonrisa confiada.

— No es un sueño, ¿cierto?

— No lo es.

— Entonces recuerdame a quién pertenezco Satoru.

La sonrisa que le dedicó Suguru lo hizo excitar junto con esas palabras tan explícitas. Desabrochó sus pantalones y los bajo hincándose, lamió el miembro de Suguru sobre la ropa interior haciéndolo humedecerse más. Cuando le quitó la ropa por completo le observó un momento. Tenía piernas firmes, podía apostar a qué Suguru hacía ejercicio. Se veía delicioso. Ya deseaba enterrarse en él.

— No has cambiado.

— Tú tampoco, aunque se nota que ya no eres un adolescente, eres un hombre.

— Uno que te encanta —susurro hincado. Suguru soltó una risita.

— Uno que desde que lo volví a ver solo pedía que me comiera la boca —Satoru rio suavemente para levantarse, le beso dejando que le desabrochara los pantalones avanzando hasta la cama.

Una vez en la orilla Satoru se quitó los pantalones y la ropa interior. Empujo con un par de dedos el hombro de Suguru logrando que cayera de espaldas a la cama. Se subió sobre él, rozó sus labios con los propios. Le beso suave y corto, Suguru se sentía impaciente cuando Satoru se alejó. Tenía tantas ganas de que le sometiera sobre la cama pero a la vez sabía que su ex novio era romántico a su modo.

Se hincó sobre la cama, le observó de nuevo y soltó una sonrisa tonta. Una parte de Satoru tampoco creía que eso estuviera pasando de nuevo. Le acarició el torso haciéndolo suspirar, cuando sus yemas llegaron al pene ajeno, el pelinegro gimió. Suguru con las piernas abiertas sobre la cama hacía que quisiera disfrutar como lo devoraba.

— ¿No vas a follarme Satoru?

Iba a hacerlo, tan duro que al día siguiente no iba a poder irse de nuevo.

— ¿Qué hay de nosotros?

— ¿Quieres hablarlo ahora?

— No pero… no aguantaría que mañana te fueras de nuevo. Quiero estar seguro de que no vas a volver a irte.

— Lo entiendo —una sonrisa—. Aún no se que pasara con nosotros, pero lo que si se es que no quiero dejarte de nuevo.

— Debes entender que la confianza no está de tu lado esta vez.

— Lo se, por eso… —se sento y lamio parte del abdomen de Satoru, la sonrisa en sus labios mientras su lengua lamia y sus manos le acariciaban las piernas, casi llegando a su miembro—. Hagamos lo que mejor sabemos y dejemos que nuestros cuerpos se encarguen de arreglarlo.

— ¿Eso no es superficial incluso para ti?

— Lo es, solo quiero dejarte en claro lo mucho que te extrañe. Que mi cuerpo no ha dejado de ser tuyo desde que me fui —Satoru se sintió más excitado con sus palabras. Le acarició el cabello mientras chupaba su abdomen dejando marcas leves—. ¿No será solo una vez verdad?

— ¿Por qué? ¿Debes llegar a casa? —se burló Satoru.

— Porque te la quiero chupar como la última vez que lo hice. Ahogándome contigo hasta la garganta —Satoru lo volvió a tirar sobre la cama, se acomodo entre sus piernas rozando sus miembros mientras le besaba con calma y mucha humedad.

Suguru tenía sus brazos rodeando el cuello del peliblanco, enredando los dedos de su mano izquierda en las hebras blancas de su cabeza. Satoru se separó solo un poco para tomar el lubricante que había dejado en el buro. Se embarro los dedos mientras Suguru le mordía el cuello. Cuando metió sus dedos no se sentía tan apretado.

— ¿Te tocaste?

— Ayer, aproveché que mis hijas no estaban.

— ¿Qué pensabas?

— Que me follabas contra la cama de mi casa mientras yo me deshacía.

— ¿Llegaste?

— Si, estaba ansioso por verte. Satoru… de verdad, solo tú puedes calmar mi tormenta.

— Suguru…

— Si solo fuera sexo lo haria con cualquiera pero… mi cuerpo solo responde si se trata de ti. Es como si mi alma se negara a que me tocara alguien que no sea tu.

— Aun así te acostaste con Amanai —dijo moviendo sus dedos un poco rudo. Suguru gimió porque se había sentido bien aquel tacto—. ¿Cómo lo hiciste? A ti te encanta cuando me muevo dentro de ti.

— Estaba… borracho.

— ¿Solo ebrio te olvidaste de mí?

— No… yo solo pensé que estaba follandote —susurro entre gemidos suaves mientras Satoru le preparaba.

— ¿Quieres follarme? —soltó con una sonrisa sin dejar de mover sus dedos.

— ¡Si… ahi! —prácticamente gritó cuando Satoru encontró con sus dedos su punto dulce.

— Si te portas bien y no huyes de nuevo… quizá te deje.

— No… importa… te amo…

— También te amo… jamas deje de esperar que volvieras. No me dejes otra vez, ya solo pensemos en nosotros, en nuestros hijos. En lo que queremos.

Suguru asintió con la cabeza perdida en el placer que sentía con los dedos de Satoru dentro de él. Relamió sus labios y se arqueó las veces que Satoru tocó su próstata. Estaba en el cielo y ni siquiera le había penetrado. Cuando el peliblanco saco sus dedos Suguru respiró hondo, sabía que seguía. Se deleito la vista observando a Satoru poner lubricante en su pene. Le penetró de una, fuerte, rápido. Suguru sintió que se le iba el aire.

Se sofocó.

Le atrajo para besarlo, Satoru comenzó a moverse con fuerza, sostuvo las manos de Suguru con las suyas y entrelazo sus dedos. Lamió sus labios, los mordio, los chupo. Gimió en su oído y se movió más fuerte. Suguru enredo sus piernas en la cintura ajena, se arqueo recibiendo besos en el cuello o en la oreja, Satoru jugando con sus perforaciones en el lóbulo.

Estaban siendo sumamente ruidosos. El choque de sus caderas, sus gemidos, la cama moviéndose, los besos húmedos que se brindaban en ocasiones. Suguru queria mas, queria arañarle la espalda, morder su cuello.

— Satoru… mas… mas… por favor…

Satoru le dedicó una sonrisa. Dejó un beso suave en su boca deteniendo sus embestidas, se mantuvo besándole con ganas, lentamente, estuvieron besándose un rato antes de que Satoru comenzara a moverse más profundo y lento, dándose el tiempo de disfrutar por completo ese momento.

— Te adoro.

Suguru solo sintió ganas de llorar con el placer embriagandole hasta cada fibra de su ser.


*Anger - Sleeping At Last

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