martes, 17 de mayo de 2022

[THREESHOT] 1004 (Angel) - Parte 2

1004 (Angel)
Parte 2

Advertencia: Lemon, violencia


— JongUp…

Sus piernas abiertas, el menor entre ellas, metiendo y sacando su miembro de su cavidad anal. Besando sus dulces labios rojos. Arrastrándolo al pecado de la lujuria. Su cuerpo ardiendo como las llamas de fuego del infierno. Cuando JongUp tocó una parte de su cuerpo que lo hizo delirar de placer se sintió aún más pecador. No era solo que fuera un ángel, era que JongUp era menor, un jovencito de instituto al que conoció cuando demando a su padre por abandono de hogar.

JongUp era el ángel… no HimChan.

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— Pensé que ibas a estar de viaje, eso dijiste la última vez —JongUp tenía un raspado de limón. HimChan prefirió un café helado. Estaban caminando por un parque con la patineta de JongUp después de que HimChan llegara a su casa.

— Ese era el plan pero se canceló —sonrió dando un trago a su café—. Tengo que hablarte de algo que no puede esperar.

— Vamos a sentarnos entonces —propuso JongUp. HimChan asintió caminando lentamente con él hasta que chocó con un chico que le tiró el raspado—. ¿JunHong?

— Oh, JongUp-hyung —sonrió el alto joven. HimChan sintió su cuerpo estremecerse al chocar su mirada con el acompañante del tal JunHong.

— Shishimato…

— Dime YongGuk en este mundo. Bang YongGuk, Tatsmato.

— Kim HimChan. Ese es mi nombre aquí.

— Solo sígueme el juego —bendita su facultad de hablar con la mente.

— ¿HimChan-hyung? —la voz de JongUp interrumpió sus agradecimientos a los cielos divinos. El joven alto, llamado JunHong, le estaba mirando también.

— Solo me perdí un segundo —sonrió.

— Hace mucho no nos veíamos —intervino YongGuk. JunHong se extrañó de ello.

— ¿Se conocen? —preguntó JunHong.

— Fuimos juntos al Instituto —respondió YongGuk. JunHong miró a su acompañante. Estaba sonriendo para él.

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— ¿Has sabido algo de Jokomato?

— Absolutamente nada —Shishimato suspiró mientras veían a JongUp y JunHong hacer piruetas con sus patinetas.

— Esto me preocupa. ¿Cuánto tiempo tardará Dios en llamarnos? Vivo con la incertidumbre, día a día.

— Debes tranquilizarte Tatsmato —musitó acariciando su rodilla—. Hoy voy a decírselo.

— Yo también —le sonrió. JongUp se dio cuenta de ello y enfureció. Pocas veces se molestaba pero no toleraba que HimChan coqueteara con otros. Que le constara lo que decían de él.

— Vámonos —dijo, fuerte y serio. HimChan musitó un “¿Qué?” y JongUp le jaló del brazo para llevárselo. YongGuk se molestó pero HimChan lo estaba tranquilizando mentalmente.

— Estaré bien, cumple con lo tuyo. No nos queda mucho tiempo.

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— ¿Que tienes con él?

— ¿Qué?

— ¿Por qué estaban tan cerca? ¿Por qué se veían de esa forma?

— Crecí con él JongUp, es normal, tengo confianza en él —el menor tomó un jarrón y lo aventó contra la puerta. HimChan se asustó.

— Eres igual que mi padre, consigues a otro y me dejas.

— JongUp…

— ¿A él también lo dejas terminar dentro de ti?

— Nunca lo he hecho con él.

— Puta —HimChan sintió las lágrimas salir de sus ojos. Dolía que JongUp pensara aquello. Dolía porque ya lo amaba. Dolía porque su corazón se estaba quebrando. Ya no quería mentir.

— Es mi alma gemela —JongUp lo miró con los ojos abiertos de par en par—. Dios lo creó para mí. Cada parte de su ser está hecha para acoplarse a cada parte del mío.

— ¿Cuánto tiempo me has visto la cara?

— Toda mi vida ha sido a su lado, protegiéndonos  mutuamente. Viviendo para el otro —los ojos de JongUp se llenaron de lágrimas. Su corazón estaba deshecho. Muerto. Solo latía porque debía hacerlo, no porque JongUp lo pidiera. Acababa de destrozarlo, puso su planta en su mejilla y le aplastó contra la realidad. HimChan no era suyo y quizá nunca lo fue.

— Me das asco —HimChan sintió que su corazón no podía más. Estaba tan dolido. JongUp lo odiaba tanto—. Estuvo bien jugar conmigo. ¿No? Seguramente él y tú se reían a espaldas mías y de JunHong. Pensando en cual estaba más enamorado de ustedes mientras él te la metía en la misma cama donde yo te toqué.

— No es así.

— ¡¿Cómo es entonces?! ¿Fingías los orgasmos? ¿Te gustó jugar con un adolescente de instituto? Dijiste que era el único.

— Lo eres.

— ¡No me mientas ya! —un golpe en su mejilla. HimChan cayó al suelo con lágrimas en los ojos. Dios es justo. Basura, Dios no le dejaba amar a JongUp e iba a llevárselo. Dios creó a una víbora como Sharna y no conforme la nombró jefa de los ángeles. El timbre sonó y sus pensamientos fueron interrumpidos. HimChan se puso de pie y abrió la puerta. YongGuk y JunHong estaban ahí.

— Tatsmato —fue lo único que pudo murmurar. JongUp estaba detrás con la furia llenando su mirada. JunHong se asustó, nunca lo había visto así. YongGuk abrazó a HimChan entrando, con JunHong desconcertado tras él. Una vez adentro desplegó sus alas y cubrió a ambos con ellas—. Nunca lo toques otra vez —JongUp tragó hondo. Las alas de YongGuk se tornaron negras por la ira. JongUp chocó contra la pared mientras que JunHong ya se había desmayado. Sin embargo antes de hacer algo un dolor enorme llenó su cerebro.

Detente Shishimato, puedo sentirte.

Jokomato había dado con ellos.

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— Dios puede localizarnos de esta manera. ¿No piensan en ello? —reclamó Jokomato. YongGuk miró a JongUp pegado a la pared con sus manos apoyando el hielo en la mejilla de HimChan. Jokomato y DaeHyun habían llegado una vez YongGuk se compuso.

— Le pegó a Tatsmato —Jokomato miró a JongUp, se acercó a él y con su mano atrapó el cuello del menor, revelando sus uñas, mirando sus ojos, leyendo su mente. Jokomato era más poderoso de lo que parecía.

— Nunca toques a un ángel o te enfrentarás a los suyos —musitó—. No conforme con llevarte su virtud se te ocurrió golpearlo. ¿Cuántas veces más has puesto tus mortales manos en él?

— Jokomato —Tatsmato murmuró levantándose—. Debo hablar con él.

— Te salvaste esta vez —advirtió dejando su cuello y volviendo a la normalidad—. Estaremos en la cocina —dijo llevándose a DaeHyun de la mano. HimChan asintió.

— Sígueme JongUp —susurró—. Pueden hablar aquí Shishimato.

— Si ocurre algo solo grita —Tatsmato asintió con una sonrisa triste. Caminó hasta su despacho y JongUp le siguió. Aquel lugar nunca había sido pisado por JongUp, al llegar ahí le sorprendió ver miles de fotos de él.

— ¿Quieres sentarte?

— ¿Cómo tienes fotos mías de bebé? —estaba realmente sorprendido. Había fotos que él jamás había visto—. ¿Cuántos años tienes?

— Cincuenta en edad angelical —suspiró—. Cuando tenías dos años Dios me encargó cuidar de ti. Llevarte por el camino correcto. Varias cosas salieron de control y tú podrías romper tu destino gracias a que tu padre rompió el suyo. Entonces como el ángel de la paz, fui enviado para controlar tu ira y dejarte crecer. No me recuerdas porque en aquel entonces tenía otra apariencia pero siempre he estado a tu lado.

— No…

— Cada golpe que me has dado es por tu bien —musitó—. Yo debía recibir toda tu ira contenida por lo que hizo tu padre. Así tú descargarías tu odio y estarías mejor.

— HimChan.

— Tu padre se cegó por la fantasía y la maldad llenó su alma, desgraciadamente alcanzó a contagiarte. Por ello tienes arranques de ira que para alguien como yo, no es difícil controlar.

— ¿Alguien como tú?

— Desde que fui creado Shishimato ha estado a mi lado, mientras yo cuidaba su bienestar mental él me protegía con su fuerza. Tenemos una conexión mental demasiado fuerte. Como gemelos.

— ¿Él es como yo?

— No. Él es un ángel —JongUp sintió su sangre hervir—. Voy a desaparecer —entonces JongUp se puso de pie.

— No.

— Cometí el error de enamorarme de ti cuando lo tenía más que prohibido —JongUp dejó que un par de lágrimas salieran—. Yo solo debía ser tu amigo. Desgraciadamente mi jefa al mando lo sabe y pronto Dios me llamara con él.

— ¿Y quién cuidara de mí?

— No lo sé.

— ¡No! ¡No puedes dejarme!

— Lo siento —murmuró con lágrimas saliendo de sus ojos.

— Te amo.

— Yo también te amo JongUp pero esto no es mi decisión. Debo volver a donde pertenezco —JongUp se hincó frente a él, abrazando sus piernas, HimChan intentó levantarlo.

— Quédate conmigo.

— No puedo —JongUp sintió que su corazón volvía a deshacerse—. Pero el tiempo que este aquí, voy a amarte.

— Pero si te vas…

— Quedará mi recuerdo y eso te hará feliz —JongUp negó con la cabeza. HimChan se hincó frente a él y tomó sus mejillas para limpiar sus lágrimas—. No temas, yo siempre voy a protegerte. Soy un ángel, Tatsmato, el ángel de la paz.

— HimChan.

— Siempre voy a cuidar de ti. Siempre.

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— Mi orden era hacer que JinSeok y tú dejaran de hacer lo que hacían —su voz grave resonó en los oídos del menor que se sonrojó. Sabía a que se refería YongGuk, se refería a esa relación incestuosa en la que ambos tenían sexo.

— ¿Por eso…?

— No —sabía a que se refería. Le miró amenazador y JunHong se sintió intimidado—. Yo tenía prohibido enamorarme de ti.

— ¿Van a mandarte al infierno?

— No lo sé, lo que es un hecho es que voy a desaparecer. Cuando y como, auyn lo desconozco.

— Pero…

— Debes ser fuerte y dejar las marcas en tu cuello y brazos. Me sentiré mal si me voy y vuelves a hacerlo. Todo nuestro trabajo se habrá derrumbado.

— Hyung, te amo —YongGuk jaló el cuerpo de JunHong, abrazándolo y subiendo sus piernas a su regazo. Besando su sien, sintiéndolo temblar entre sus brazos. JunHong era demasiado importante para él. Quizá lo que más amaba y atesoraba. Debía dejarle, debía dejar que su vida se hiciera sin él. La puerta del estudio se abrió y JunHong se aferró aún más a él. Lo amaba. No quería dejarlo ir. HimChan los miró y sintió pena por ambos. Porque Shishimato nunca había amado en su vida y ahora que lo hacía iba a desaparecer.

— Shishimato —el aludido giró el rostro, JongUp aún lloraba tras HimChan—. Debemos reunirnos con Jokomato —el moreno asintió y quitó a JunHong de su regazo para avanzar con Tatsmato. Jokomato salió de la cocina con DaeHyun a lado—. Debemos hablar Jokomato —YoungJae asintió y avanzó hasta ellos. Los tres entraron en el despacho de HimChan. Sabían que no podían esconderse de Dios pero no importaba.

— Vámonos —pronunció YoungJae—. Pasemos nuestros últimos días con ellos en Jeju.

— Jokomato —pronunció Shishimato. Era bastante arriesgado.

— Hagámoslo Shishimato. Unos días que nunca olviden —propuso Tatsmato.

— Sabes que si Dios quiere puede borrarnos de la memoria de ellos —Tatsmato sintió un nudo en su garganta. Los humanos le llaman amnesia, realmente es que Dios borra los recuerdos. Sharna lo había especificado. ¿Entonces qué pasaría? ¿Borraría todo en la mente de los tres aún y cuando ellos ayudaron a que se volvieran buenas personas?

— Ellos pueden olvidarlo Shishimato, nosotros no —indicó Jokomato—. Pase lo que pase, podremos recordarlo.

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HimChan apretó los hombros de JongUp. Le sintió entrar tan profundo en él que jadeó extasiado abrazándose a su espalda. Su piel sudorosa se pegaba a la ajena con los labios abiertos mientras gemía. HimChan cambió la pose y quedó sobre él subiendo y bajando. Abrazándose mientras tocan el cielo.

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— Siempre ha sido un chico tranquilo —la madre de JongUp pronunció viéndolo tras el ventanal del hospital. El médico estaba frente a ella.

— ¿Ha habido algún hecho que lo hiciera así? —la señora lo pensó un momento.

— Su padre nos abandonó.

— Ya veo. ¿Su padre era agresivo?

— Mucho.

— Es cuestión de genes entonces. Deberá llevar un tratamiento para bajar sus arranques de ira.

— Dios… —cubrió su boca tratando de no llorar.

— Va a estar bien señora, no se preocupe.

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— Moon JongUp —suspiró delineando con el índice el contorno de su rostro.

— Kim HimChan —musitó mirándole con ojos tiernos. Cualquiera diría que JongUp era un ángel. Cualquiera que supiera quien era enojado diría que era un demonio. De pronto HimChan tuvo una regresión al momento en que YongGuk le salvo de un demonio que intentó matarlo.

— Dadamato.

— Dime HimChan —sus ojos se habían vuelto rojos y sus labios se torcieron en una sonrisa siniestra. ¿A quién le había entregado su virtud? ¿A JongUp o a Dadamato?

Entendería si Dios lo matara en ese instante.

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