1004 (Angel)
Parte 2
Advertencia: Lemon, violencia
— JongUp…
Sus piernas abiertas, el menor entre ellas, metiendo y sacando su
miembro de su cavidad anal. Besando sus dulces labios rojos. Arrastrándolo al
pecado de la lujuria. Su cuerpo ardiendo como las llamas de fuego del infierno.
Cuando JongUp tocó una parte de su cuerpo que lo hizo delirar de placer se
sintió aún más pecador. No era solo que fuera un ángel, era que JongUp era
menor, un jovencito de instituto al que conoció cuando demando a su padre por
abandono de hogar.
JongUp era el ángel… no HimChan.
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— Pensé que ibas a estar de
viaje, eso dijiste la última vez —JongUp tenía un raspado de limón. HimChan
prefirió un café helado. Estaban caminando por un parque con la patineta de
JongUp después de que HimChan llegara a su casa.
— Ese era el plan pero se canceló
—sonrió dando un trago a su café—. Tengo que hablarte de algo que no puede
esperar.
— Vamos a sentarnos entonces
—propuso JongUp. HimChan asintió caminando lentamente con él hasta que chocó
con un chico que le tiró el raspado—. ¿JunHong?
— Oh, JongUp-hyung —sonrió el
alto joven. HimChan sintió su cuerpo estremecerse al chocar su mirada con el
acompañante del tal JunHong.
— Shishimato…
— Dime YongGuk en este mundo. Bang YongGuk, Tatsmato.
— Kim HimChan. Ese es mi nombre aquí.
— Solo sígueme el juego —bendita su facultad de hablar con la
mente.
— ¿HimChan-hyung? —la voz de
JongUp interrumpió sus agradecimientos a los cielos divinos. El joven alto,
llamado JunHong, le estaba mirando también.
— Solo me perdí un segundo —sonrió.
— Hace mucho no nos veíamos
—intervino YongGuk. JunHong se extrañó de ello.
— ¿Se conocen? —preguntó JunHong.
— Fuimos juntos al Instituto —respondió
YongGuk. JunHong miró a su acompañante. Estaba sonriendo para él.
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— ¿Has sabido algo de Jokomato?
— Absolutamente nada —Shishimato
suspiró mientras veían a JongUp y JunHong hacer piruetas con sus patinetas.
— Esto me preocupa. ¿Cuánto
tiempo tardará Dios en llamarnos? Vivo con la incertidumbre, día a día.
— Debes tranquilizarte Tatsmato
—musitó acariciando su rodilla—. Hoy voy a decírselo.
— Yo también —le sonrió. JongUp
se dio cuenta de ello y enfureció. Pocas veces se molestaba pero no toleraba
que HimChan coqueteara con otros. Que le constara lo que decían de él.
— Vámonos —dijo, fuerte y serio.
HimChan musitó un “¿Qué?” y JongUp le jaló del brazo para llevárselo. YongGuk
se molestó pero HimChan lo estaba tranquilizando mentalmente.
— Estaré bien, cumple con lo tuyo. No nos queda mucho tiempo.
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— ¿Que tienes con él?
— ¿Qué?
— ¿Por qué estaban tan cerca?
¿Por qué se veían de esa forma?
— Crecí con él JongUp, es normal,
tengo confianza en él —el menor tomó un jarrón y lo aventó contra la puerta.
HimChan se asustó.
— Eres igual que mi padre, consigues
a otro y me dejas.
— JongUp…
— ¿A él también lo dejas terminar
dentro de ti?
— Nunca lo he hecho con él.
— Puta —HimChan sintió las
lágrimas salir de sus ojos. Dolía que JongUp pensara aquello. Dolía porque ya
lo amaba. Dolía porque su corazón se estaba quebrando. Ya no quería mentir.
— Es mi alma gemela —JongUp lo
miró con los ojos abiertos de par en par—. Dios lo creó para mí. Cada parte de
su ser está hecha para acoplarse a cada parte del mío.
— ¿Cuánto tiempo me has visto la
cara?
— Toda mi vida ha sido a su lado,
protegiéndonos mutuamente. Viviendo para
el otro —los ojos de JongUp se llenaron de lágrimas. Su corazón estaba
deshecho. Muerto. Solo latía porque debía hacerlo, no porque JongUp lo pidiera.
Acababa de destrozarlo, puso su planta en su mejilla y le aplastó contra la
realidad. HimChan no era suyo y quizá nunca lo fue.
— Me das asco —HimChan sintió que
su corazón no podía más. Estaba tan dolido. JongUp lo odiaba tanto—. Estuvo
bien jugar conmigo. ¿No? Seguramente él y tú se reían a espaldas mías y de
JunHong. Pensando en cual estaba más enamorado de ustedes mientras él te la metía
en la misma cama donde yo te toqué.
— No es así.
— ¡¿Cómo es entonces?! ¿Fingías
los orgasmos? ¿Te gustó jugar con un adolescente de instituto? Dijiste que era
el único.
— Lo eres.
— ¡No me mientas ya! —un golpe en
su mejilla. HimChan cayó al suelo con lágrimas en los ojos. Dios es justo. Basura, Dios no le dejaba
amar a JongUp e iba a llevárselo. Dios creó a una víbora como Sharna y no
conforme la nombró jefa de los ángeles. El timbre sonó y sus pensamientos
fueron interrumpidos. HimChan se puso de pie y abrió la puerta. YongGuk y
JunHong estaban ahí.
— Tatsmato —fue lo único que pudo
murmurar. JongUp estaba detrás con la furia llenando su mirada. JunHong se
asustó, nunca lo había visto así. YongGuk abrazó a HimChan entrando, con
JunHong desconcertado tras él. Una vez adentro desplegó sus alas y cubrió a
ambos con ellas—. Nunca lo toques otra vez —JongUp tragó hondo. Las alas de
YongGuk se tornaron negras por la ira. JongUp chocó contra la pared mientras
que JunHong ya se había desmayado. Sin embargo antes de hacer algo un dolor
enorme llenó su cerebro.
Detente Shishimato, puedo sentirte.
Jokomato había dado con ellos.
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— Dios puede localizarnos de esta
manera. ¿No piensan en ello? —reclamó Jokomato. YongGuk miró a JongUp pegado a
la pared con sus manos apoyando el hielo en la mejilla de HimChan. Jokomato y
DaeHyun habían llegado una vez YongGuk se compuso.
— Le pegó a Tatsmato —Jokomato
miró a JongUp, se acercó a él y con su mano atrapó el cuello del menor,
revelando sus uñas, mirando sus ojos, leyendo su mente. Jokomato era más poderoso
de lo que parecía.
— Nunca toques a un ángel o te
enfrentarás a los suyos —musitó—. No conforme con llevarte su virtud se te
ocurrió golpearlo. ¿Cuántas veces más has puesto tus mortales manos en él?
— Jokomato —Tatsmato murmuró
levantándose—. Debo hablar con él.
— Te salvaste esta vez —advirtió
dejando su cuello y volviendo a la normalidad—. Estaremos en la cocina —dijo
llevándose a DaeHyun de la mano. HimChan asintió.
— Sígueme JongUp —susurró—.
Pueden hablar aquí Shishimato.
— Si ocurre algo solo grita
—Tatsmato asintió con una sonrisa triste. Caminó hasta su despacho y JongUp le
siguió. Aquel lugar nunca había sido pisado por JongUp, al llegar ahí le
sorprendió ver miles de fotos de él.
— ¿Quieres sentarte?
— ¿Cómo tienes fotos mías de
bebé? —estaba realmente sorprendido. Había fotos que él jamás había visto—. ¿Cuántos
años tienes?
— Cincuenta en edad angelical
—suspiró—. Cuando tenías dos años Dios me encargó cuidar de ti. Llevarte por el
camino correcto. Varias cosas salieron de control y tú podrías romper tu
destino gracias a que tu padre rompió el suyo. Entonces como el ángel de la
paz, fui enviado para controlar tu ira y dejarte crecer. No me recuerdas porque
en aquel entonces tenía otra apariencia pero siempre he estado a tu lado.
— No…
— Cada golpe que me has dado es
por tu bien —musitó—. Yo debía recibir toda tu ira contenida por lo que hizo tu
padre. Así tú descargarías tu odio y estarías mejor.
— HimChan.
— Tu padre se cegó por la
fantasía y la maldad llenó su alma, desgraciadamente alcanzó a contagiarte. Por
ello tienes arranques de ira que para alguien como yo, no es difícil controlar.
— ¿Alguien como tú?
— Desde que fui creado Shishimato
ha estado a mi lado, mientras yo cuidaba su bienestar mental él me protegía con
su fuerza. Tenemos una conexión mental demasiado fuerte. Como gemelos.
— ¿Él es como yo?
— No. Él es un ángel —JongUp
sintió su sangre hervir—. Voy a desaparecer —entonces JongUp se puso de pie.
— No.
— Cometí el error de enamorarme
de ti cuando lo tenía más que prohibido —JongUp dejó que un par de lágrimas
salieran—. Yo solo debía ser tu amigo. Desgraciadamente mi jefa al mando lo
sabe y pronto Dios me llamara con él.
— ¿Y quién cuidara de mí?
— No lo sé.
— ¡No! ¡No puedes dejarme!
— Lo siento —murmuró con lágrimas
saliendo de sus ojos.
— Te amo.
— Yo también te amo JongUp pero
esto no es mi decisión. Debo volver a donde pertenezco —JongUp se hincó frente
a él, abrazando sus piernas, HimChan intentó levantarlo.
— Quédate conmigo.
— No puedo —JongUp sintió que su
corazón volvía a deshacerse—. Pero el tiempo que este aquí, voy a amarte.
— Pero si te vas…
— Quedará mi recuerdo y eso te
hará feliz —JongUp negó con la cabeza. HimChan se hincó frente a él y tomó sus
mejillas para limpiar sus lágrimas—. No temas, yo siempre voy a protegerte. Soy
un ángel, Tatsmato, el ángel de la paz.
— HimChan.
— Siempre voy a cuidar de ti.
Siempre.
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— Mi orden era hacer que JinSeok
y tú dejaran de hacer lo que hacían —su voz grave resonó en los oídos del menor
que se sonrojó. Sabía a que se refería YongGuk, se refería a esa relación
incestuosa en la que ambos tenían sexo.
— ¿Por eso…?
— No —sabía a que se refería. Le
miró amenazador y JunHong se sintió intimidado—. Yo tenía prohibido enamorarme
de ti.
— ¿Van a mandarte al infierno?
— No lo sé, lo que es un hecho es
que voy a desaparecer. Cuando y como, auyn lo desconozco.
— Pero…
— Debes ser fuerte y dejar las
marcas en tu cuello y brazos. Me sentiré mal si me voy y vuelves a hacerlo.
Todo nuestro trabajo se habrá derrumbado.
— Hyung, te amo —YongGuk jaló el
cuerpo de JunHong, abrazándolo y subiendo sus piernas a su regazo. Besando su
sien, sintiéndolo temblar entre sus brazos. JunHong era demasiado importante
para él. Quizá lo que más amaba y atesoraba. Debía dejarle, debía dejar que su
vida se hiciera sin él. La puerta del estudio se abrió y JunHong se aferró aún
más a él. Lo amaba. No quería dejarlo ir. HimChan los miró y sintió pena por
ambos. Porque Shishimato nunca había amado en su vida y ahora que lo hacía iba
a desaparecer.
— Shishimato —el aludido giró el
rostro, JongUp aún lloraba tras HimChan—. Debemos reunirnos con Jokomato —el
moreno asintió y quitó a JunHong de su regazo para avanzar con Tatsmato.
Jokomato salió de la cocina con DaeHyun a lado—. Debemos hablar Jokomato
—YoungJae asintió y avanzó hasta ellos. Los tres entraron en el despacho de
HimChan. Sabían que no podían esconderse de Dios pero no importaba.
— Vámonos —pronunció YoungJae—.
Pasemos nuestros últimos días con ellos en Jeju.
— Jokomato —pronunció Shishimato. Era bastante arriesgado.
— Hagámoslo Shishimato. Unos días
que nunca olviden —propuso Tatsmato.
— Sabes que si Dios quiere puede
borrarnos de la memoria de ellos —Tatsmato sintió un nudo en su garganta. Los humanos le llaman amnesia, realmente es
que Dios borra los recuerdos. Sharna lo había especificado. ¿Entonces qué
pasaría? ¿Borraría todo en la mente de los tres aún y cuando ellos ayudaron a
que se volvieran buenas personas?
— Ellos pueden olvidarlo
Shishimato, nosotros no —indicó Jokomato—. Pase lo que pase, podremos recordarlo.
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HimChan apretó los hombros de
JongUp. Le sintió entrar tan profundo en él que jadeó extasiado abrazándose a
su espalda. Su piel sudorosa se pegaba a la ajena con los labios abiertos
mientras gemía. HimChan cambió la pose y quedó sobre él subiendo y bajando.
Abrazándose mientras tocan el cielo.
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— Siempre ha sido un chico tranquilo —la madre de JongUp pronunció viéndolo
tras el ventanal del hospital. El médico estaba frente a ella.
— ¿Ha habido algún hecho que lo hiciera así? —la señora lo pensó un
momento.
— Su padre nos abandonó.
— Ya veo. ¿Su padre era agresivo?
— Mucho.
— Es cuestión de genes entonces. Deberá llevar un tratamiento para
bajar sus arranques de ira.
— Dios… —cubrió su boca tratando de no llorar.
— Va a estar bien señora, no se preocupe.
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— Moon JongUp —suspiró delineando
con el índice el contorno de su rostro.
— Kim HimChan —musitó mirándole
con ojos tiernos. Cualquiera diría que JongUp era un ángel. Cualquiera que
supiera quien era enojado diría que era un demonio. De pronto HimChan tuvo una
regresión al momento en que YongGuk le salvo de un demonio que intentó matarlo.
— Dadamato.
— Dime HimChan —sus ojos se
habían vuelto rojos y sus labios se torcieron en una sonrisa siniestra. ¿A
quién le había entregado su virtud? ¿A JongUp o a Dadamato?
Entendería si Dios lo matara en
ese instante.
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